Cada final de año se repite la escena. Las empresas cierran ejercicio, revisan objetivos.. y muchas personas trabajadoras esperan una respuesta que no siempre llega clara: ¿tengo derecho a cobrar el bonus?

El bonus nace como un incentivo, como una forma de reconocer el esfuerzo y los resultados. Sin embargo, en la práctica, a menudo se transforma en un foco de conflicto. Contratos con cláusulas ambiguas, objetivos poco definidos o condiciones que no reflejan la realidad del trabajo realizado. Y cuando todo esto estalla en diciembre, la sensación de injusticia es inevitable.

La jurisprudencia lo ha ido dejando claro: si el bonus se ha devengado -es decir, si el trabajo que lo genera ya se ha realizado-, forma parte del salario. Y el salario no depende de lo que ocurra después. Esto significa que, cuando el derecho ya se ha generado, la empresa debe pagarlo.

Parece una obviedad, pero no siempre se respeta. Todavía hoy veo conflictos provocados por una idea errónea: que el bonus es «discrecional» en cualquier caso. Y no es así. Puede haber variables, sí, pero deben ser claras, objetivas y conocidas con antelación.

Otro punto crítico son los objetivos mal definidos. Cuando no son medibles o dejan demasiado margen de interpretación, los tribunales tienden a proteger a la parte más débil de la relación laboral. Y esto puede acabar reconociendo el derecho al bonus, incluso cuando la empresa considera que no se han alcanzado las metas.

Por eso el bonus no es sólo una cuestión económica. Es un mensaje. Habla de transparencia, de confianza y de cómo se gestionan las expectativas en la empresa.

Éste es un buen momento para revisarlo todo: contratos, sistemas de incentivos y, sobre todo, la forma en que se comunica lo que se promete. Porque muchos de los conflictos de fin de año no son sólo jurídicos. Son, sobre todo, conflictos de confianza.

El derecho sirve para resolver problemas. Pero una buena definición del bonus puede evitarlos. Y esto, al final, es lo que realmente importa: saber a qué jugamos… y cobrar lo que hemos ganado.

El bonus laboral: cuando el incentivo se convierte en conflicto - Laura Escamilla

El bonus laboral: cuando el incentivo se convierte en conflicto

Cada final de año se repite la escena. Las empresas cierran ejercicio, revisan objetivos.. y muchas personas trabajadoras esperan una respuesta que no siempre llega clara: ¿tengo derecho a cobrar el bonus?

El bonus nace como un incentivo, como una forma de reconocer el esfuerzo y los resultados. Sin embargo, en la práctica, a menudo se transforma en un foco de conflicto. Contratos con cláusulas ambiguas, objetivos poco definidos o condiciones que no reflejan la realidad del trabajo realizado. Y cuando todo esto estalla en diciembre, la sensación de injusticia es inevitable.

La jurisprudencia lo ha ido dejando claro: si el bonus se ha devengado -es decir, si el trabajo que lo genera ya se ha realizado-, forma parte del salario. Y el salario no depende de lo que ocurra después. Esto significa que, cuando el derecho ya se ha generado, la empresa debe pagarlo.

Parece una obviedad, pero no siempre se respeta. Todavía hoy veo conflictos provocados por una idea errónea: que el bonus es «discrecional» en cualquier caso. Y no es así. Puede haber variables, sí, pero deben ser claras, objetivas y conocidas con antelación.

Otro punto crítico son los objetivos mal definidos. Cuando no son medibles o dejan demasiado margen de interpretación, los tribunales tienden a proteger a la parte más débil de la relación laboral. Y esto puede acabar reconociendo el derecho al bonus, incluso cuando la empresa considera que no se han alcanzado las metas.

Por eso el bonus no es sólo una cuestión económica. Es un mensaje. Habla de transparencia, de confianza y de cómo se gestionan las expectativas en la empresa.

Éste es un buen momento para revisarlo todo: contratos, sistemas de incentivos y, sobre todo, la forma en que se comunica lo que se promete. Porque muchos de los conflictos de fin de año no son sólo jurídicos. Son, sobre todo, conflictos de confianza.

El derecho sirve para resolver problemas. Pero una buena definición del bonus puede evitarlos. Y esto, al final, es lo que realmente importa: saber a qué jugamos… y cobrar lo que hemos ganado.

LAURA ESCAMILLA · BOUTIQUE LEGAL